La escultura conocida como el «Monaguillo de Consolación», que funciona como limosnero en el atrio del Santuario de Consolación de Utrera, será sometida a una restauración integral. Los trabajos correrán a cargo del escultor y restaurador palaciego Juan Manuel Martín García, quien realizará la intervención de manera gratuita.
El proyecto se inició en septiembre de 2026, durante la Feria de Consolación, a raíz de una publicación en redes sociales de Juan Miguel Rivas dedicada a la memoria del Maestro Milla, artesano local que anteriormente cuidó también de la pieza. El texto describía el apego hacia la figura y el deterioro que sufre periódicamente por el desgaste de la pintura debido al contacto continuo con los visitantes. Tras leer la publicación, Martín García ofreció gentilmente sus servicios de restauración y, mediante la intermediación de Rivas, se coordinó con el rector del santuario, el sacerdote Joaquín Reina Sousa, para formalizar el proyecto técnico.
Origen de la pieza y restauraciones anteriores

Juan Manuel Martín García nacido en Los Palacios en 1980, se formó en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Sevilla, la Facultad de Bellas Artes de Sevilla y la escuela italiana ECORE. En la actualidad, cuenta con obra civil y religiosa en países como Estados Unidos, México, Italia, Perú, Costa de Marfil e India.
Fases de la intervención técnica
La restauración se ejecutará bajo criterios científicos y se dividirá en cuatro bloques metodológicos:
Análisis previo: Examen documental e histórico mediante fotografía analítica, luz rasante y ultravioleta para estudiar el estado de los pigmentos originales.
Limpieza y consolidación: Eliminación de depósitos de suciedad acumulada superficial y fijación de los estratos de policromía con riesgo de desprendimiento.
Tratamiento del soporte: Subsanación de grietas y deficiencias estructurales, junto con la reposición limitada de pérdidas volumétricas.
Policromía y protección: Reintegración cromática de las lagunas de pintura mediante técnicas reversibles que respetan el original y aplicación de una capa de protección final compatible con el uso de la pieza.
Una vez finalizados los trabajos en el taller, la escultura será devuelta a su ubicación habitual en el atrio del templo.







