
La actividad, organizada por la Hermandad de Los Muchachos de Consolación en colaboración con la ONCE, permitió a varios de sus miembros recorrer con las manos la imagen del crucificado, descubriendo sus rasgos físicos y detalles artísticos a través del tacto. La propuesta partió del cofrade utrerano Enrique Doblado, vinculado también a la organización, y reunió a un notable número de participantes en el interior del templo.
Durante el acto, los asistentes no solo pudieron palpar la talla con respeto, sino que además contaron con el acompañamiento de personas cercanas a la hermandad, que fueron describiendo cada parte de la imagen para facilitar una comprensión más completa de la misma. De este modo, la experiencia combinó la percepción táctil con explicaciones que ayudaban a construir una imagen mental del crucificado.
Una experiencia sensorial inolvidable

A continuación, tomó la palabra el Director Espiritual y Rector del Santuario de Consolación, Joaquín Reina Sousa, quien puso en valor el poder del tacto, especialmente para las personas ciegas: “Cuando un miembro se perjudica el otro suple, y vosotros habéis podido ver a la persona a la hora de tocarla, no con vuestros ojos, sino con la sensibilidad del tacto”, afirmó Joaquín.
Antes de proceder a palpar al Cristo, Miguel hizo una breve intervención para hablar de la historia del Santuario de Consolación y de la relación existente entre la Virgen de Consolación y las personas enfermas, trayectoria que ha sido extensible al Cristo del perdón.
La experiencia sensorial transcurrió con rotundo éxito, hecho que agradeció la directora de la ONCE en Utrera, Encarnación Pachón, afirmando que “se nos ha puesto los pelos de punta, a través del tacto podemos ver de otra forma la Semana Santa”.

José Luis Rioja destacó que muchos de los asistentes que tocaron al Cristo descubrieron por primera vez que se trata de una imagen que mira hacia arriba.
Por último, Joaquín Reina valoró positivamente la experiencia y destacó que “es impresionante cómo sienten al tocar el Cristo”.
La iniciativa desarrollada en Consolación puso de relieve la importancia de acercar el patrimonio a todos los públicos, ofreciendo nuevas formas de experimentar y comprender el arte sacro desde una perspectiva inclusiva.
Una imagen que lleva causando devoción desde hace siglos

De estilo manierista, la talla habría llegado en torno al año 1600, en un contexto vinculado a la presencia de los Mínimos en el monasterio. Posteriormente, en 1956, fue designada como titular de la Hermandad de Los Muchachos de Consolación, surgida en el entorno del estudiantado salesiano que entonces ocupaba el recinto.
A lo largo del tiempo, la imagen ha sido objeto de diversas intervenciones de conservación, destacando las restauraciones llevadas a cabo en 1957 y en 2001. Su fisonomía presenta además similitudes con otro Cristo del Perdón que se venera en la localidad gaditana de El Puerto de Santa María.










