Corrida de toros de feria en Utrera con un prometedor cartel compuesto por Padilla, Manuel Jesús El Cid y rematado con la presencia del utrerano Luis Vilches, que volvía a hacer el paseíllo en Utrera después de cinco años. Los toros pertenecían a la ganadería El Torero, en los que los diestros confiaban pudieran colaborar para obtener el triunfo deseado. Para el crítico taurino, Manuel Viera, la corrida fue “aceptable de presentación, nobles y flojos. Mejores el encastado primero, y el noble segundo, de notable calidad en sus embestidas”. La plaza registró un cuarto de entrada.
Para Viera, “lo mejor sucedió en el epílogo de una larga e interminable función de tres horas de duración. Y es que Luis Vilches ha vuelto a mostrar, como ya hizo en muchas tardes, calidades y cualidades para hacer el toreo. Lo hecho con el sexto toro no fue solo una bonita colección de detalles, sino una faena con la que, sin relajarse un momento, acabó recreándose en un festín de largos muletazos diestros hilvanados, consiguiendo mantener a raya la emoción. Y lo que es más importante, con verdad. Una faena muy válida que podría renovar el interés por el toreo del utrerano. Faena que reveló la calidad de un torero que reivindica su sitio. Y, además, mató. Dos estocadas que, en otras tardes decisivas, le hubiesen puesto en la órbita del toreo. Lo hecho representó una inmejorable oportunidad para recuperar a un torero, injustamente olvidado, que ha demostrado un dominio de las telas, valor sincero y, sobre todo, coherencia en su concepto para atisbar un toreo verdaderamente importante. No fue la obra cumbre, pero sí muestras de cadencia y ritmo a la verónica y de temple y ligazón con la muleta. Muletazos largos con la suficiente profundidad y distancia, hilvanados y rematados. La estocada recibiendo quedó atravesada y la agonía del toro se prolongó en excesivo tiempo. De todas formas, lo hecho y dicho por Vilches fue lo mejor de la tarde-noche de feria. Destacó de la lidia al basto tercero la despaciosidad de la verónica. Quiso Luis más que pudo en una faena de actitud y algo tensa. La estocada de cañón”. El diestro utrerano cortó dos orejas a su primer oponente y una, tras un aviso, al sexto de la tarde.
Según la crónica de Manuel Viera “el toreo de Padilla es siempre sugestivo aunque, a veces, las faenas resulten deshilachadas y no todas mantengan la calidad. Pero merece la pena disfrutarlo e, incluso, degustarlo. Porque, fiel a su estilo, sigue sorprendiendo cada tarde con esa entrega que fluye sin aparente esfuerzo. La faena al cuarto tuvo momentos cargados de intensidad. Un toreo que gusta a la gente y le hace disfrutar. Juan José no deja de causar sensación. Un Padilla vital dio muestras de solvencia con el noble y encastado primero. Le aplaudieron lo bueno y lo malo en banderillas, pero gustó al natural. A ambos los mató de certeras estocadas”. El diestro jerezano logró una oreja y dos orejas y rabo.
“El Cid – en palabras de Viera – aprovechó la calidad de las embestidas de segundo con un lento y majestuoso toreo a la verónica. Después volvió a torear despacio en una faena, brindada al matador de toros Cuqui de Utrera, en la que lució el toreo de izquierda en un largo e intermitente trasteo. Hubo detalles y momentos de un Cid en alza. Con el rajado y noble quinto, trazó y gustó el expresivo natural. Poco, quizá, pero significativo. Igual con la derecha en el muletazo sentido y ligado en su concepto vertical. Con la espada fenomenal en sus dos toros”, lo que le valió una oreja en su primer toro y dos en el segundo de su lote.
