A finales de noviembre llegó el día que tanto esperaban dos nadadores utreranos, el cruce del Estrecho de Gibraltar, que llevaban un año preparando como reto deportivo y benéfico.
El pasado 24 de noviembre se daban cita Javier Pariente y José Valero, en el puerto de Tarifa a las siete de la mañana, con una temperatura ambiente por debajo de los 10ºC, pero que las previsiones meteorológicas de viento y mareas eran favorables para el cruce, dentro de lo posible para realizar el reto.
A las 8:32 horas se tiraban al agua junto al faro de la isla de Tarifa, con agua a 17ºC empezando un nado pausado y constante que permitiese estar horas nadando hasta cubrir los 14kms que los separaban de la costa africana (en línea recta).
Los avituallamientos cada media hora, desde una zodiac de apoyo, ayudaban a hidratar y reponer fuerzas cada media hora, para evitar el agotamiento y el desvanecimiento, que podría ser mortal y que un cuerpo a plomo no quedaría sobre el suelo como ocurriría en una carrera a pie.
Las olas de medio metro, lo mínimo que puede ofrecer la zona, hacían difícil bracear sin tocar agua en el recobro y estirar el brazo por completo antes de volver al agua, dificultando el avance.
Pasada la hora del reto José Velero empezó a encontrarse mal, mareado y fatigado por el movimiento continuado en alta mar, llegando a tener que prescindir del desayuno en su estómago el resto de la travesía. Hizo un gran esfuerzo por continuar, llevaban demasiado tiempo esperando, planeando y con mucho apoyo detrás para abandonar. Hizo un sobre esfuerzo para continuar con los compañeros y el grupo de cuatro nadadores lo «escoltaron» para darle su apoyo y vigilar de cerca que nada le ocurriese.
José Valero comentó: «de fuerzas me encontraba bien, pero cuando el estómago no te acompaña de poco sirven las fuerzas. Pasé un par de horas realmente mal y me empecé a quedar atrás y a la embarcación de apoyo les dije que me encontraba mareado y que creía que no iba a poder continuar. Es en ese momento uno de los socorristas, me hizo valorar la posibilidad de subir al barco y retirarme. No pasaron más de treinta segundos en los que le di mil vueltas a mi cabeza con solo una idea en la cabeza, la de abandonar. Justo en ese momento, Juanma, otro de los socorristas, alzó la voz y se escuchó: ¡ballenas a nuestro alrededor!».
A las 3 horas de nado, unos amigos se acercaron a animarlos, un grupo de 12 o 15 ballenas piloto, que a medio metro con la mirada de extrañeza les daban animo a los “cuatro locos” que sin aletas ni branquias estaban en aquel lugar tan alejado de tierra. La energía que les transmitieron hicieron mella en los brazos, junto con algún pez luna que pasó a varios metros, llevándolos sin cansancio y con una sonrisa hasta las 6 horas de nado, cuando una patrulla marroquí se acercó al velero guía a solicitar la documentación de todo el personal, que entre socorristas, patrones y apoyo eran doce personas. Los nadadores continuaban mientras la autoridad y los patrones se comunicaban en inglés y daban paso a continuar con el reto.
Hora y media después, de nuevo se acercó la patrulla, impidiéndoles acercarse más a la costa, ya que solicitaban permiso expreso del gobierno marroquí, probablemente porque acababa de ocurrir el atentado del avión ruso en Turquía, y estarían tensas las relaciones internacionales, y a modo de previsión les invitaron a abandonar el reto, a un kilómetro escaso de la costa.
A la vuelta Javier Pariente comentaba: «quiero agradecer a Alejandro, el patrón, y a todos los socorristas por su continúa compañía y atención, dándonos ánimos en los momentos más difíciles, y a los compañeros nadadores, a Ilde que nos ha cuidado y es un buen reportero gráfico, a todos, por haber compartido esta gran experiencia”.
Por último, la expedición utrerana agradece a Rafael Carmona que esto haya sido posible y “habernos dado esta oportunidad, y tomar conciencia de que esto continúa y seguir colaborando y aportando para conseguir ese gran reto por el que vivía Vicente Ferrer, la erradicación de la pobreza. Tengo verdaderas ganas de que se haga realidad la escuela de Anantapur» afirmaron.
