Los cielos dieron una tregua a los corazones trinitarios para que la Utrera cofrade pudiese dar la bienvenida a la Semana Santa con la alegría que desprende la procesión de La Borriquita. Esta vez sí, después de varios años de “exilio” en la basílica de María Auxiliadora, la Hermandad de la Santísima Trinidad cumplía su sueño de salir de esa capilla que con tanto esfuerzo restauraron.
Un barrio entero y otros muchos utreranos aguardaban este acontecimiento a las puertas del templo de la calle La Fuente, con ansias de vivir un instante de gloria que borrase el sabor amargo de la pasada Semana Santa. Y así fue como a las 11:00 horas se abrieron las puertas de la capilla para que brotase de ella ese río de antifaces de color turquesa que anuncian que Jesús está entrado en Jerusalén.
Aplausos emocionados dieron la bienvenida al misterio de coloridos ropajes que caminaba acompañado de los sones de la Agrupación Musical Muchachos de Consolación bajo un sol que por momentos abandonaba su timidez para hacerse más intenso. El exorno de clavellinas rosas, crisantemos verdes, statis morados, limonium y detalles como mariposas, abejorros y hasta una liebre dieron mayor realismo a la escena.
Momentos más tarde asomaba bajo el dintel Nuestra Señora de Los Desamparados de hebrea, sin palio y rodeada de claveles y clavellinas rosas; en este caso acompañada de la Asociación Musical Álvarez Quintero. Ahora sí, comenzaba la Semana Santa.
Pero la jornada les tenía reservado un contratiempo en forma de chaparrón que sorprendió a la cofradía a su paso por el Ayuntamiento, obligándola a acelerar su paso aunque con el mismo recorrido. Así, aguantaron estoicamente con lágrimas contenidas aunque perfectamente formados y en orden. Y a la altura de la Fuente Vieja el sol compensaba ese esfuerzo con su compañía hasta la recogida.
Ya por la tarde, los utreranos cruzaban los dedos para que no se cumpliera eso que ya anunciaban las nubes, cada vez más numerosas, que poblaban el cielo. A pesar de ello, la Quinta Angustia decidía con valentía realizar su estación de penitencia, pero cuando el misterio a penas había alcanzado el pórtico del Templo Mayor utrerano comenzaron a caer las primeras gotas. La Junta de Gobierno decidió entonces esperar para ver si remitían las precipitaciones, pero pasado un tiempo y sin visos de mejora dio la orden de regresar la Piedad al interior, y tras una nueva reunión decidían suspender definitivamente la salida. De manera que los utreranos se quedaban sin ver en la calle al conmovedor misterio exornado con monte de lilium y rosas rojas, alelíes e iris morados y calas blancas; y a Nuestra Señora de Los Ángeles rodeada de rosas blancas con el filo rosa, statis morados, rosas de pitiminí beige y rosa y paniculata.
En otro punto de Utrera, la capilla de San Bartolomé, la Junta de Gobierno de la Oración en el Huerto decidía posponer una hora la decisión. Una vez cumplida, la Cruz de Guía se posicionaba en la Vereda seguida de los primeros tramos de nazarenos confiando en la mejora pronosticada a partir de las ocho de la tarde, pero comenzaron a caer las primeras gotas arrastrando consigo la última esperanza del Domingo del Domingo de Ramos. Los nazarenos volvían a su templo dejando atrás una jornada de contrates.
