Este jueves, la Hermandad del Rocío de Utrera regresó a casa como cada año tras su peregrinación habitual hacia la aldea del Rocío. Dicha llegada se produjo a las 20:30 horas a través de la carretera que une Utrera con Los Palacios en la barriada de la Fontanilla, lugar donde los más fieles y devotos estaban ya esperando su llegada.
Fue así como empezaron a transcurrir por las calles de Utrera los distintos rocieros desde sus carruajes, acompañando al Simpecado hacia su lugar de destino. Conforme avanzaba el recorrido, las aglomeraciones fueron aumentando, siendo su punto álgido a partir de su primera gran parada: La Plaza del Altozano, concretamente frente a la capilla de San Francisco. Fue allí donde los cánticos empezaban a animar las calles utreranas, acompañados de varios gritos y alabanzas en honor de todos los implicados en esta celebración.
Pero, como es habitual cada año, el momento más esperado del recorrido tuvo lugar es la esquina de la calle Álvarez Hazañas, lugar donde brillan los más pequeños, ya que los padres y madres tuvieron la oportunidad de presentar a sus hijos de muy corta edad ante el Simpecado, todo esto acompañado de pétalos y cánticos varios.
El recorrido continuó por San Juan Bosco con sus respectivas paradas en la capillas del Carmen y de San Bartolomé, donde en ambas dos se llevaron a cabo los rezos de la Salve a la Virgen del Rocío.
Continuando su trayecto por esta vía, el Simpecado finalmente llegó a su sede canónica, la Parroquia de San José, donde finalizaba así su recorrido. La jornada finalizó con el rezo de la Salve, la entrada del Simpecado en el templo y con unas palabras de los implicados en esta celebración.
