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Éxito de Ventura, Ponce y Castella que salieron por la Puerta Grande en la corrida de la feria de Utrera 2015

El primer día de feria, la Plaza de Toros de La Mulata abría sus puertas para la celebración del festejo programado para estas fiestas en honor a la Virgen de Consolación. Se venía diciendo que la venta de entradas iba “muy bien” algo que llenaba de ilusión y esperanza a los empresarios: espectáculos Carmelo García y Curro Durán y es que la presentación de este cartel de lujo de plaza de primera categoría para la de Utrera había levantado la expectación de los aficionados y se notó en el coso que registró tres cuartos de entrada.

Diego Ventura, abría plaza, y según refleja Manuel Viera en su crónica “no deja de ser un genio del arte de torear a caballo. Nadie antes había llevado a límites tan extremos la doma para conseguir con ella auténticos caballos toreros”. El rejoneador entusiasmó, pero esta vez no lo consiguió con la contundencia acostumbrada. De todas formas, no hubo casi nada imperfecto con el noble, aunque escaso de fuerza, primero. Sí un juego perfecto en el que el toreo llegó rotundo y emotivo en un final soberbio con “Milagro”. Excelente cabalgadura capaz de provocar el asombro con su desesperante quietud delante de la cara del toro y sus espectaculares quiebros. Ventura toreó. Divirtió. Y falló con el rejón de muerte. La oreja supo a poco.

No pudo redondear el triunfo con el cuarto, un toro complicado que se quedaba inmóvil tras clavarles banderillas. Ventura lo intentó con Suspiro, con Maño y con Nazarí, pero con ninguno de ellos logró su objetivo. Pinchó y todo quedó en el premio de una sola oreja.

Tras protagonizar momentos de notable toreo, Enrique Ponce resolvió con frescura las embestidas nobles del soso segundo de Albarreal. Faena más de derecha que de izquierda, aportando una tauromaquia seria y emotiva en ocasiones. Con la estocada logró tumbar al toro sin puntilla para pasear, después, las dos orejas que el público le pidió y el presidente concedió.

Con el noble y parado quinto, Ponce dio muestras de un sorprendente abanico de recursos técnicos para lograr la profundidad expresiva de su toreo. Con enorme y depurada técnica supo amoldar a su concepto las complicaciones de unas embestidas paradas e inciertas. Lo mejor, el epílogo de una faena de menos a más, en la que el toreo al natural de frente, y citando con la muleta plegada, brilló y gustó. La contundente estocada espoleó a una gente que exigió el rabo para premiar tanta sabiduría.

Sebastián Castella hizo honor a su excelente momento con el burraco tercero, el mejor toro de la desigual, floja y noble corrida de Guillermo García Palacios. Y a fuerza de naturalidad, cadencia y templanza, el torero francés trenzó una faena de muletazos, largos, hilvanados y rematados con los que emocionó a los tendidos con absoluta inmediatez. Así, alternando valor y temple y con un toreo muy despacio y expresivo, firmó después con una estocada su obra de dos orejas y rabo.

Con el complicado y manso sexto no pudo hacer más que justificarse en vanos intentos de agradar. No obstante, consiguió algún que otro muletazo propio de su concepto con los que supo llegar a los tendidos. La estocada ayudó a la petición de oreja que un palco benevolente concedió.

Los toros de Albarreal, fueron desiguales en hechuras y de aceptable presentación, nobles y flojos. Destacó el burraco tercero, un toro de notable nobleza y calidad en sus embestidas.

Diego Ventura. Oreja y dos orejas.

Enrique Ponce. Dos oreajas y dos orejas y rabo.

Sebastián Castella. Dos orejas y rabo y oreja.

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