En 1963, comenzó la andadura penitencial del la hermandad del Santísimo Cristo del Amor. Por dicho motivo, la corporación cofrade viene conmemorando su cincuenta cumpleaños desde hace un año y el pasado, sábado, 5 de octubre, realizó un bellísimo colofón con la celebración de un devoto Rosario vespertino, una solemne Eucaristía y una procesión de gloria.
Los preparativos fueron realizados desde días antes. El exorno de las calles con arcos de flores de papel, cadenetas, banderitas, banderolas, colgaduras, gallardetes, alfombra de sal, etc. indicaron al pueblo lo que iba a suceder.
La Virgen fue presentada de manera muy distinta a como estamos acostumbrados a verla en Semana Santa. Además, como se suele acostumbrar en estas ocasiones, llevaba enseres del ajuar de otras vírgenes de Utrera: manto bordado con toca de la Virgen de las Lágrimas, corona de plata dorada labrada a dos caras de las Angustias, pañuelo de los Desamparados, broche de la Paz, peinecillo de la Amargura, etc.
Por otro lado, al no llevar palio, iban candelabros de guardabrisas de Santa Marta de los Molares que de algún modo ocupaban los huecos de los varales. También fueron prestadas dos jarras de la Virgen de los Ángeles y lucía ramos de cera excepcionalmente.
Bien temprano, a las 17,30 horas desde la basílica, salió el cortejo compuesto por las distintos grupos del Colegio Salesiano que acompañaba a una sorprendente y bellísima Virgen de las Veredas. Su dirección era Santa María de la Mesa, a través de María Auxiliadora, Glorieta, Preciosa y Padre Miguel Román, donde se pudieron oír las lecturas de la Biblia, reflexiones y rezos del Rosario junto a los repiques de campanas de la torre a la que se acercaba. En esta primera parte del recorrido, destacaron las visitas a la capilla de san Bartolomé, casa de hermandad de los Milagros y casa de hermandad de los Aceituneros.
Una vez en el monumental Porche, bajo el grandioso arco renacentista fue puesto el paso de la Virgen y delante, el banco de altar donde ce celebraría la Santa Misa, que fue concelebrada por don Ignacio Guillén Montoto, párroco de Santa María, don Fernando Báñez Martín, director del Colegio, junto con el resto de padres de la comunidad salesiana. Precisamente, uno de ellos, don Antonio Jesús Rodríguez de Rojas, director espiritual de la hermandad, predicó la homilía.
Concluida la función religiosa, a eso de las 20,30 horas, se inició la vuelta a su templo, con una comitiva compuesta por la familia salesiana más la permanente del Consejo con su director espiritual don Joaquín Reina Sousa, el resto de hermandades utreranas y algunas foráneas, el sr. alcalde de Utrera, don Francisco Jiménez Morales y otros miembro de la corporación municipal, y la Asociación Musical Álvarez Quintero, que acompañó con un escogido repertorio musical. Estas instituciones invitadas dejaron el cortejo cuando -éste- llegó a la parroquia de Santiago el Mayor.
El convento de las HH. De la Cruz, la casa de la camarera de la Virgen, el convento de las MM. Carmelitas y la capilla de San Francisco fueron las visitas más notables de esta segunda parte de la procesión, que finalizó alrededor de la una de la madrugada.
Como resumen, gran día protagonizado por la hermandad estudiantil como epílogo de su cincuentenario, donde destacó de manera sublime su dolorosa, que presentó una imagen inédita y sorprendente, sin palio y con corona, que le dio la impronta de gran reina, que es lo que es en definitiva.
Así mismo, la fragancia finísima que dejaban los nardos cuando pasaba, los tonos cálidos y dorados de un atardecer de otoño precioso, las notas musicales, los repiques alegres, los cánticos, los rezos, las petaladas y el calor y afecto de un público encandilado, hicieron que se creara un ambiente mágico que será recordado por muchos años que pasen.
