El Domingo de Ramos en Utrera volvió a desplegar toda su esencia, abriendo de par en par una nueva Semana Santa marcada por la ilusión, la participación y el fervor popular. Tres cofradías tomaron las calles a lo largo de la jornada, componiendo un mosaico de estampas que fue desde la alegría más luminosa de la mañana hasta la sobriedad y el recogimiento de la noche, con el cante por saetas como uno de los grandes protagonistas en distintos puntos del recorrido.
La Borriquita
La jornada arrancó puntual desde la capilla de la Trinidad con la salida de La Borriquita, encargada un año más de inaugurar la Semana Santa utrerana. La cruz de guía se abría paso entre un público que llenaba las calles para acompañar a una de las hermandades más queridas, especialmente por su carácter juvenil e infantil. En ese mismo instante, la emoción se hizo presente con la primera saeta de la jornada, a cargo de José Sandoval, que puso voz al inicio de la estación de penitencia.
El paso de misterio de Nuestro Padre Jesús en su Entrada Triunfal en Jerusalén, obra de Salvador Madroñal, avanzó entre palmas y vítores, luciendo túnica blanca y mantolín rojo en una escena que evocaba la alegría de la llegada de Cristo a la ciudad santa. El cortejo, formado por alrededor de 220 nazarenos, recorrió enclaves emblemáticos del casco urbano hasta su paso por el Ayuntamiento, donde se vivió otro de los momentos señalados con la saeta de Manuel Durán.
Ya en la recta final de su recorrido, la emoción volvió a elevarse en la calle Perafán de Rivera, donde Antonio M. Fuentes ofreció su saeta antes de que la cofradía continuara su caminar. El exorno floral, en tonos rosados y malvas, aportó frescura y delicadeza a un conjunto que simboliza la esperanza del inicio de la Semana Santa. Acompañado musicalmente por la Agrupación Musical ‘Virgen de la Esperanza’ de Alcalá la Real, el paso fue portado por 60 costaleros bajo las órdenes de Javier Aguilar Herrera, completando un recorrido que concluyó con la recogida en su templo.
Oración en el Huerto

Desde la capilla de San Bartolomé partió la Oración en el Huerto, otra de las corporaciones de marcado carácter juvenil. Comenzaba así su estación de penitencia el misterio de Nuestro Señor Jesucristo orando en el Huerto, acompañado por San Pedro, San Juan y el ángel confortador. La imagen del Señor, que lució la histórica túnica bordada en oro de 1917, avanzó entre un cuidado exorno floral en tonos morados, rojos y blancos, en sintonía con el carácter de la escena.
El cortejo recorrió distintas calles hasta adentrarse en la Carrera Oficial, dejando uno de los momentos más especiales en la calle Forcadell, donde José Sandoval volvió a dejar su sello con una sentida saeta. Más tarde, ya en el Ayuntamiento, Manuel Durán puso voz a otro instante de gran intensidad emocional, ante un público entregado. La Agrupación Musical Muchachos de Consolación acompañó musicalmente el discurrir del misterio, que regresó a su templo entrada ya la noche.
La Quinta Angustia

Con unos 220 nazarenos en su cortejo, la hermandad desplegó dos pasos de gran valor artístico: el del Santísimo Cristo de la Caridad en su Sagrado Descendimiento, de profundas raíces históricas, y el palio de Nuestra Señora de los Ángeles en su Soledad. El primero de ellos se presentó con un exorno floral sobrio en tonos morados y rojos, subrayando el dramatismo del momento representado, mientras que el palio ofreció una estampa de gran elegancia gracias a su cuidada composición floral.
El recorrido llevó a la hermandad por distintos puntos del centro, incluyendo su paso por la Carrera Oficial y por el Ayuntamiento, antes de encarar el tramo final que culminó con su recogida ya en la noche. De este modo, la Quinta Angustia puso el broche final a una jornada que fue de menos a más en intensidad emocional.
UVITEL retransmite un año más la Semana Santa en Utrera
Un año más, la retransmisión en directo de las procesiones ha permitido acercar cada instante a los hogares gracias al equipo humano de UVITEL, en colaboración con UTRERAWeb.
Así, Utrera volvió a vivir un Domingo de Ramos completo, en el que tradición, historia y sentimiento se entrelazaron en cada paso. Desde la ilusión de los más pequeños con La Borriquita hasta la sobriedad final de la Quinta Angustia, pasando por la intensidad del Huerto, la ciudad confirmó que su Semana Santa no solo se contempla, sino que se siente y se vive… y también se canta.















