
La iglesia de San Francisco fue testigo este pasado viernes de una jornada especial para la Archicofradía de la VeraCruz de Utrera: la reaparición, tras su proceso de restauración, de la venerada imagen de San Diego de Alcalá.
La restauración
El acto fue conducido por los historiadores Antonio Cabrera Rodríguez y Antonio Cabrera Carro, y contó con la participación del profesor David Arquillo Avilés, de la Facultad de Bellas Artes de Sevilla, quien lideró los trabajos de restauración. Durante su intervención, Arquillo explicó con detalle las fases del tratamiento al que fue sometida la escultura, destacando la recuperación de la policromía original y el cuidado con el que se afrontaron los daños estructurales. El proceso ha devuelto a la imagen una apariencia más cercana a la intención estética original del autor, siempre bajo criterios de conservación rigurosos.
Historia de una devoción centenaria
Antonio Cabrera Rodríguez hizo un repaso histórico de la figura de San Diego, originario de San Nicolás del Puerto y fallecido en Alcalá de Henares en 1463. Canonizado en 1588, su devoción pronto se extendió por la provincia sevillana. En Utrera, ya en 1592, se documenta la existencia de una imagen del santo vinculada al desaparecido convento franciscano. La integración de la antigua hermandad de San Diego en la VeraCruz, en 1605, supuso un hito clave en la historia de esta corporación.
También se recordaron episodios relevantes del devenir de esta imagen, como su ubicación en un retablo del siglo XVIII, regalo derivado de limosnas conocidas como los «Bienes Chores», y las vicisitudes sufridas durante la Desamortización y la Guerra Civil, cuando fue profanada y posteriormente restaurada.
Análisis artístico e iconográfico
Por su parte, Antonio Cabrera Carro abordó el análisis artístico de la talla, cuya cronología sigue siendo objeto de debate entre especialistas, aunque él defendió una datación hacia finales del siglo XVII. Destacó la iconografía del santo abrazando la cruz, reflejo del ideal de humildad franciscana y de las corrientes espirituales de la Contrarreforma.
Un crucificado con historia
La noche trajo además una grata sorpresa: la presentación de una segunda imagen restaurada, un crucificado de reducido tamaño realizado en pasta de madera. Cabrera Carro planteó la hipótesis de que su origen pudiera estar vinculado al comercio con América, aunque también cabría situarlo en los talleres sevillanos del siglo XVI, a juzgar por los rasgos de su anatomía y modelado. Esta pieza, procedente de una donación privada, fue entregada por Ana Rodríguez García a la Archicofradía.
Reconocimiento a los restauradores
El cofrade José Antonio Morillo aprovechó la ocasión para agradecer públicamente el esfuerzo de los restauradores y la implicación de la Facultad de Bellas Artes, sin la cual, afirmó, «estas imágenes olvidadas difícilmente habrían sido recuperadas». A su vez, uno de los alumnos del equipo expresó lo que para ellos ha significado poder participar en un proyecto con tanta carga devocional e histórica.
Vuelta al culto
Concluido el acto, se anunció que San Diego regresará a su altar en la capilla de San Francisco, donde podrá ser de nuevo venerado por los fieles. En cuanto al crucificado, permanecerá provisionalmente en su ubicación actual, a la espera de decisión sobre su emplazamiento definitivo.


