Siguiendo con la magnífica meteorología que estamos viviendo, el Martes Santo volvió a llenar las calles utreranas de devotos y público ávidos de procesiones. Cuando a las 7 en punto de la tarde se abrían las puertas de la Basílica de María Auxiliadora, en la Antigua Vereda del Carmen, era numeroso el público que esperaba impaciente, tras un año en blanco por culpa de la lluvia, de contemplar el impresionante Misterio del Cristo del Amor, Pérez Conde es el autor del mismo y Sebastián Martínez Zayas el de las imágenes secundarias. Tanto el exorno floral, claveles rojos, como el acompañamiento musical de la Banda de cornetas y tambores de Nuestra Señora de la Merced del Viso del Alcor, con los sones de Cristo del Amor de Escámez, no podían ser más clásicos.
Y tras el Señor y antecedida de multitud de nazarenos de capirotes rojos con blancas túnicas, Ella, su bendita Madre, Nuestra Señora de las Veredas, con exorno de claveles y rosas blancos y flor de cera, a los sones de la marcha Virgen de las Veredas, interpretada por la banda Nuestra Señora de Guaditoca de Guadacanal, salía la Reina Salesiana.
Ejemplar en todo su recorrido el comportamiento de los pequeños penitentes que supieron soportar el fuerte calor de las primeras horas de su recorrido. En el Ayuntamiento fue recibida, como ya viene siendo habitual por el alcalde de la ciudad, José Mª Villalobos, y representantes de PSOE, PA y PP. Consolación García Segovia puso el rezo hecho oración con el cante de dos magnificas saetas a ambos titulares.
La collación de Santa María recibía a la hermandad salesiana. Magnífica la variación de Preciosa con Menéndez Pelayo del Misterio y un placer para los sentidos el paso del palio por el Porche de Santa María a los sones de “Margot”, de Turina, y la bajada de Rodrigo Caro con “La Madrugá”, de Abel Moreno. Sublime el momento. Y Carrera Oficial. Ya en calle Virgen de Consolación, suena “Encarnación Coronada” y cae esa luvia que nos gusta a los cofrades la de los corazones de devotos hechos pétalos de flores y desde aquí la eclosión de sentimientos hasta que pasada la una del ya Miércoles Santo el palio volvía a entrar en la Basílica de María Auxiliadora. Un año más Utrera se impregnó de Amor Salesiano.
