
El homenaje se inauguró con unas palabras de recuerdo de Manuel Muñoz, sacerdote salesiano que guarda un gran recuerdo de Rafalín.
Tras las bendiciones al público asistente al acto, llegó uno de los momentos más significativos del homenaje: la presentación de un azulejo con el nombre “El rincón de Rafalín”, instalado junto a un gran emblema de Cruzcampo. No es casualidad: la marca cervecera formó parte de su vida desde que, con apenas 16 años, comenzara a trabajar en el reparto. Con el tiempo, aquella labor se convirtió en un sello inseparable de su identidad profesional y también personal.
El espacio también fue bendecido por Manuel Muñoz, quien destacó el valor simbólico del nuevo rincón, un lugar que —según señaló— Rafalín habría disfrutado como punto de encuentro y convivencia. En su intervención invitó a mantener viva su memoria a través de la amistad y el cariño, y rezó un Padrenuestro y un Ave María por él y por su familia.
Recuerdos de familiares y allegados

Rafalín era tan querido en Utrera por muchos motivos, pero uno de ellos, era lo bien que hablaba de su tierra y su compromiso local siempre presente.
Desde La Brasa, local donde se ha llevado a cabo el homenaje, han querido recordar también la figura de Rafalín. Su propietario, Carlos López, asegura que este acto era más que merecido, ya que Rafalín estaba siempre presente para ayudar a sus amigos.
Uno de los principales artífices de este homenaje se trata de Pepe Caro “El Largo”, responsable de la Peña El Perol, quien considera que Rafalín era el alma de la peña, de ahí que viera de justicia hacerle este homenaje.
También estuvo presente Antonio Álvarez, exfutbolista y entrenador, quien rememoró la amistad que le unía a Rafalín y sus vínculos con la ciudad de Utrera.
Tras la ceremonia, los presentes compartieron un almuerzo de convivencia. Con este gesto, la peña utrerana asegura un espacio permanente para el recuerdo de Rafalín de la Cruzcampo, cuyo nombre queda ya asociado para siempre a este nuevo rincón dedicado a su memoria.
Una vida ligada al deporte y al compromiso social

Más allá del deporte, su entrega a la ciudad fue constante. Su labor como representante de Cruzcampo lo llevó a participar activamente en numerosos eventos utreranos —como el Potaje Gitano, la Feria de la Tapa o distintas citas deportivas—, convirtiéndose en un verdadero embajador de la marca y en una figura muy cercana para vecinos y entidades locales. Su implicación le valió múltiples reconocimientos, entre ellos homenajes de los industriales de Utrera, la Guardia Civil, los Antiguos Alumnos Salesianos o el Mostachón de Oro.










