
El Teatro Enrique de la Cuadra volvió a llenarse de música, talento y emoción con la celebración del fin de curso del Conservatorio Elemental de Música Ana Valler. Un año más, el centro ofreció su ya tradicional musical, que en esta ocasión llevó por título «Un, dos, tres, Disney al revés», un espectáculo con sello propio que volvió a conquistar al público.
La representación, que duró cerca de dos horas, fue en torno a un divertido giro de guión: los villanos de las películas Disney pasaban a ser los héroes y los personajes buenos se convertían en los malvados. A lo largo del espectáculo, los alumnos emprendían una búsqueda contrarreloj de un pergamino mágico que les permitiera romper el hechizo y devolver el orden a los cuentos.
Sobre el escenario, desfilaron todos los estudiantes del conservatorio, desde los más pequeños hasta los más veteranos, demostrando el trabajo y esfuerzo de todo el curso. Fue el undécimo musical que pone en escena el centro, consolidando una tradición que cada año crece en calidad y creatividad.
La propuesta musical contó, como ya es habitual, con la colaboración de la Escuela de Danza Victoria Kudrina, que aportó coreografía a uno de los números, y con la participación especial de Lucía García Vallecillo, exalumna del centro, que quiso unirse al elenco. También hubo agradecimiento a Juan Anaya, padre de una alumna, por la creación de un photocall.

La coordinación instrumental estuvo en manos de Juan Jiménez, Guillermo Zarco y Juan Carlos Jiménez, mientras que la dirección escénica fue responsabilidad de Teresa Martínez. La dirección musical corrió a cargo de Elena de la Torre, que una vez más logró cohesionar el trabajo de todos los participantes.
El acto comenzó con un emotivo homenaje a Marisol, trabajadora del centro que se jubila este curso tras 25 años de dedicación. Profesores y representantes del AMPA subieron al escenario para dedicarle unas palabras de agradecimiento, ante un público que le brindó una cálida ovación. Visiblemente emocionada, Marisol agradeció el cariño recibido.
Una velada mágica y muy especial que volvió a poner en valor el papel del conservatorio como motor cultural y formativo de la ciudad.














