La barriada de El Cerro cuenta desde ayer con un nuevo rótulo en una de sus calles, Florián Luna, uno de sus vecinos que vivió en esta barriada desde que llegara a Los Palacios y Villafranca procedente de la localidad pacense de Montemolín, a mediados de los años 50 del pasado siglo. Florián Luna era conocido como el sillero, profesión que le inculcó a sus nueve hijos, y artesanía con la enea que aún en la actualidad siguen ejerciendo algunos de ellos.
Florián Luna fue uno de los vecinos más comprometidos con la democracia y promotor en la organización junto con un reducido grupo del Partido Comunista en Los Palacios en la década de los 60 y aunque su pertenencia durante la dictadura estuvo marcada por una militancia de base, en su casa se escondían y guardaban los ejemplares del periódico Mundo Obrero voz oficial del Partido que posteriormente y de forma clandestina se repartía en la localidad durante los años 60 y finales de los 70 hasta la llegada de la democracia. Era el responsable de prensa y propaganda y su lucha por divulgar la otra visión de aquella España oscura y miserable, le convirtieron en uno de los hombres mas vigilados de aquellos años.
El Ayuntamiento a través de la comisión informativa creada por mandato plenario para otorgar, cambiar y conceder nuevos nombres al viario de la localidad atendió y aprobó la petición vecinal de un grupo de vecinos quienes con sus firmas solicitaron que una calle de la barriada de El Cerro llevase el nombre de Florián Luna. El alcalde junto al primogénito del homenajeado Máximo Luna, quien también sufrió la opresión, cárcel y persecución de la dictadura, descubrieron el rótulo en presencia de los vecinos de la barriada y de los concejales de IP-IU y Partido Andalucista.
Antes de la inauguración una de sus 24 nietas, Valme Luna, dio lectura a un escrito para contar públicamente a los presentes quien era y porqué su abuelo merecía tal reconocimiento público. Florián Luna nació un 21 de febrero de 1921 y murió a los 88 años un 24 de agosto de 2009, alternaba su trabajo en la Marisma con la enea arreglando todas las sillas de los antiguos cines de verano para dedicarse posteriormente en exclusiva como sillero, oficio que le transmitió a sus descendientes algunos de los cuales siguen ejerciéndolo de manera artesanal y comercial.
Desde ayer su nombre será recordado con una calle en una de las barriadas más humildes de Los Palacios y Villafanca donde vivió y donde pudo comprobar la gran transformación estructural de los últimos años, pasando de las antiguas Chozas de pasto a las infraviviendas y de estas a las viviendas de autoconstrucción actuales.
