Nada hay más efectivo que predicar con ejemplo. Así lo ha entendido los alumnos del IES Virgen de Consolación que recorrieron Utrera a lomos de sus bicicletas para fomentar el uso de este medio de movilidad sostenible.
Las explicaciones del profesor de Educación Física sobre el correcto uso de este medio de transporte, partes que lo componen y funcionamiento precedieron la salida de esta ruta que discurría en su primera parte por el entorno urbano y se adentraba luego en algunos vías agropecuarias del entorno, en todo momento acompañados por un dispositivo de Protección Civil y Guardia Civil para velar por su seguridad.
Pero la ruta en bici es solo una de las numerosas actividades organizadas por los diferentes departamentos del centro para conmemorar la Semana de la Bicicleta, que se desarrolla bajo el lema ‘EmBiciate’. Todas ellas han contado con el indispensable apoyo y compromiso del alumnado. Muchos de ellos ya acudían al centro haciendo uso de este medio de transporte, los restantes han tenido la oportunidad en esta semana de descubrir las numerosas ventajas que ofrece. “La intención es que cada vez sean más los hacen uso de ella, por lo que el centro ha habilitado a sus puertas un cómodo aparcamiento para bicicletas”, tal y como explica Tomás Morata.
Si bien el departamento de Educación Física se ha centrado en la parte práctica, el de Artes Plásticas y el de Lengua Castellana han trabajado en la teoría de diversas formas, como el concurso de cartelería. También han creado murales informativos en el que han plasmado las ventajas del uso de la bicicleta: su carácter silencioso, no contaminante, económico, saludable y acorde con el disfrute y respeto del entorno. Otra de las actividades era el concurso de relatos en torno a la Bicicleta, del que han resultado ganadores dos alumnos de 1º de ESO, Ráfael Véliz con ‘Una Bicicleta especial’ y Julia Espadero con el relato titulado ‘Una bici nunca muere’. (Pueden leer ambos realtos tras el texto de esta noticia)
Así, el IES Virgen de Consolación ha dado ejemplo de colaboración, ya que la Semana de la Bicicleta ha sido pensada como actividad complementaria a la campaña puesta en marcha por la delegación de Seguridad Ciudadana del Ayuntamiento de Utrera bajo el lema ‘Al Cole Andando’. Con ella se pretende fomentar los desplazamientos a pie o el uso de transportes alternativos para evitar las aglomeraciones de tráfico que se producen cada mañana a las puertas de los centros escolares utreranos.
En este mismo sentido, los alumnos trabajan ahora en la redacción conjunta de un manifiesto en defensa del uso de la bicicleta, en el que pasmarán sus conclusiones para entregarlo luego a la deelgación.
RELATOS GANADORES
Una bicicleta especial
En un pueblo de España, un niño llamado Diego salía todos los días con sus amigos a jugar con sus bicicletas. Un día, Diego, cuando estaba con sus amigos, se encontró un callejón vallado, por el que se veía que no había pasado nadie en mucho tiempo. Decidieron echar la valla abajo y entrar. En una esquina se encontraba una bicicleta vieja y oxidada. Al escuchar unos pasos, los niños se asustaron mucho, cogieron sus bicis y salieron corriendo. Por la noche, Diego contó todo lo sucedido a sus padres. Estos no conocían esa calle pero le advirtieron que no se volviera a acercar por allí
A la mañana siguiente, Diego cogió su bici y fue a llamar a sus amigos. Él les propuso volver a ir a aquel extraño sitio. Todos se opusieron.
Si nadie quería ir, él tendría que ir solo.
Al caer la noche, Diego fue a la misteriosa calle. Al llegar, Diego se encontró la valla en pie; alguien la había levantado. Pero Diego entró, cogió la bicicleta y se la llevó a su casa. Cuando llegó la examinó. Entonces del manillar se cayó un pequeño trozo de papel. ¡Era una nota! En ella ponía lo siguiente:
Si estás leyendo esto, es que has encontrado mi bicicleta. Por favor, entregar en la calle Constelación Fénix, número 21.
Diego quedó asombrado, tenía que entregársela a su dueño. Fue corriendo a contárselo todo a sus amigos. Sus amigos no se lo podían creer. ¡Esa misteriosa bicicleta tenía dueño!
Enseguida Diego y sus amigos buscaron esta calle. Tras horas de búsqueda y búsqueda, por fin encontraron la dirección. Llamaron a la casa número 21 y abrió una mujer muy joven, de unos 20 años. Le preguntaron por la bicicleta y les dijo que podría ser de los antiguos propietarios de la casa que ahora vivían en África. Diego y sus amigos quedaron totalmente desconcertados, ya no sabían qué hacer; era imposible que unos niños viajaran a África solo para entregar una bicicleta a alguien que no conocían.
Entonces, a Diego se le ocurrió una idea, fueron preguntando por distintos bares, comercios, locales, entre otros lugares, hasta dar con su nombre: Whanda.
Whanda era un hombre de color que era muy conocido por todo el barrio por su amabilidad; se dedicaba a la venta de pañuelos de papel en los semáforos. Tuvo que abandonar España y dejó aquí su tesoro más preciado, su bicicleta.
Diego y todos sus amigos consiguieron toda la información que necesitaban, pero… cómo harían llegar su bicicleta hasta tan lejos.
Diego decidió restaurar la bicicleta, los amigos también colaboraron; uno trajo unos puños para la bici, otro pintura azul, otro aceite, otro unos pedales nuevos… Entre todos dejaron la bicicleta como nueva. Diego decidió donar la bicicleta a una ONG destinada a recoger bicicletas para África.
No sabemos si la bicicleta llegó a manos de Whanda o no, pero seguro que sí a alguien que la necesitara.
R.Véliz, 1º D
UNA BICI NUNCA MUERE
En un pequeño pueblo de Sevilla en el que apenas vivían 100 personas, un 10 de mayo nació una pequeña niña llamada Olivia.
Su familia no era muy numerosa, tan solo tenía dos hermanos cinco años mayor que ella, llamados Carlos y Manuel.
Olivia creció en libertad, feliz, bajo un sol espectacular y rodeada de una naturaleza deslumbrante.
Al cumplir cinco años le regalaron una preciosa bicicleta. Pero aquella bicicleta tenía su historia. En el cumpleaños, al darle la bicicleta, la madre le dijo a Olivia:
– Olivia, esta bici ha pasado de generación en generación, la madre de tu abuela la fabricó ella misma y con ella ganó grandes carreras; esta se la dio a tu abuela, con ella viajó muchísimo hasta llegar aquí, porque en ese momento no habían vehículos de motor. El día en el que cumplí cuatro años mi madre, es decir, tu abuela, me la dio. Yo me emocioné tanto que llegué a dormir con ella el primer día. Ahora yo te doy mi bicicleta y espero que la cuides muy bien.
Olivia se quedó patidifusa. No sabía qué decir. Le encantaba la bici y la historia, que hacía aun más bello montar en ella.
Un día sus hermanos se ofrecieron a enseñarle a montar y, después de mucho trabajo, lo consiguió; es más, le gustó tanto que iba a cualquier lado con ella.
Olivia creció con la bicicleta como si fuera una hermana más y consiguió ganar algunas carreras. Pero llegó un tiempo en el que la bicicleta se le quedó chica y Olivia, con mucha tristeza, tuvo que dejar de montar en aquella bicicleta.
Un día Olivia y su madre discutieron y ella se fue de casa, pero no quería andar porque no llegaría muy lejos, así que cogió la bici y se fue. Llovía a mares y en uno de los baches, al saltar, se escuchó un feo ruido. ¡La rueda se había pinchado! Olivia, con gran tristeza, creyendo que se había roto, volvió a casa y le dijo a su madre:
– Mami, lo siento, no volveré a escaparme. Ahora por mi culpa se ha roto la bicicleta.
La madre fue a ver la bicicleta y le explicó que solo era un pequeño pinchazo y que se podría arreglar fácilmente. Olivia se alegró muchísimo, pero ya no volvió a coger la bici por miedo a romperla.
Pasaron los años y esta pequeña niña de pueblo creció, se casó y tuvo una hija a la que llamó Sandra.
Al cumplir los cuatro años, Olivia pensó que ya podría darle la bicicleta que había pasado tantos momentos con ella a su hija Sandra. Pero un día Sandra se olvidó la bici en medio de la calle. Cuando volvió a por ella, un coche la había atropellado y destrozado. Olivia no se lo podía creer; se quedó un rato contemplando cómo la bicicleta con la que había vivido gran parte de su infancia había quedado destrozada. Aunque la desgracia fue más allá. Cuando Olivia se acercó a recoger lo que quedaba de la bici, un camión la atropelló a toda velocidad y quedó tirada al lado de la bici. Su familia decidió enterrarlas juntas, como Olivia habría querido.
En memoria de ambas, cada 2 de junio -el día del fallecimiento- en su pueblo se celebra una carrera en la que prohíben circular a los vehículos de motor durante una semana en recuerdo suyo. Olivia decía siempre que estos podían ser una amenaza para los ciclistas si no se iba con cuidado y que había que luchar para conseguir que convivieran en paz ciclistas y conductores.
En este pueblo hay un dicho en recuerdo de Olivia y de su bici: “Una bicicleta y su dueño nunca mueren, y estarán unidas para siempre”.
Desde luego, en el caso de Olivia así fue.
J. Espadero, 1º B
