Las hermandades de la Trinidad y el Silencio regalaron a los utreranos un ansiado Jueves Santo de satisfacciones gracias a que la lluvia parecía haber entendido que se trataba sin duda de uno de los días grandes de la Semana Santa de Utrera.
Como ya lo hiciera el Domingo de Ramos, la capilla de la calle La Fuente abría sus puertas en la tarde del jueves para propiciar el reencuentro de los devotos con su venerado Cristo de los Afligidos y Nuestra Señora de los Desamparados, esta vez de reina. El crucificado avanzaba sobre el monte de claveles rojos y un paso en proceso de restauración a los sones de la Agrupación Musical Muchachos de Consolación, mientras que la Virgen lo hacía acompañada de la Asociación Musical Álvarez Quintero, en un palio del que prendían doce rosarios ofreciendo un bello tintineo y exornado con fresias, rosas y astromenias de color blanco.
Cientos de utreranos aguardaban su llegada al Arco de la Villa después de cuatro años sin poder contemplar ese instante laborioso e intenso en que los costaleros portan a sus imágenes bajo el umbral de la antigua puerta de Utrera que separa a esta hermandad de extramuros del casco histórico. Maniobras imposibles acompañadas de alguna que otra exclamación, momentos suspendidos en el aire, las palabras firmes y emocionadas de los capataces y el aplauso del público como recompensa al esfuerzo.
Pasado el Arco, llegaba otro de los momentos más especiales, el tradicional saludo a las Hermanas de la Cruz congregadas a las puertas de su capilla, un gesto que en esta ocasión quisieron corresponder las monjitas con sus dulces cantos.
Y así, con los corazones llenos porque al fin pudo ser, los trinitarios continuaron su recorrido con otros instantes memorables como las saetas desde el Ayuntamiento o las chicotás de la Carrera Oficial, para finalizar con la recogida en su templo en torno a las 12:30, tal y como estaba previsto.
Y en otro punto de Utrera, mientras la alegría trinitaria aún paseaba por las calles del municipio, el silencio sepulcral del Redentor Cautivo inundaba el pórtico de la parroquia de Santiago el Mayor y postraba ante allí congregados. Con él llegaba el sobrecogedor sonido de las cadenas que arrastran sus penitentes, el caminar sosegado de los costaleros y esa nube de incienso que dota a la escena de mayor solemnidad si cabe.
En ese instante aparecieron unas leves gotas de lluvia que ralentizaron pero no impidieron la salida de Nuestra Señora de las Lágrimas en su palio de cajón y rodeada de claveles blancos compuestos en fanal piramidal. Con ella, los utreranos pudieron contemplar varios de los estrenos que protagonizan este Semana Santa: su nuevo respiradero realizado en los talleres de Orfebrería Triana a partir de un diseño de Sebastián Martinez Zaya inspirado en los respirados del paso de la Custodia que procesiona en el Corpus, aunque respetando elementos del antiguo paso como las tres capillas con las imágenes de Santa Ana, la Virgen del Carmen y Santiago. Una joya que estaba rematada por otro estreno, el nuevo llamador también en plata que representa la famosa escalinata de la parroquia de Santiago y la corona de la Virgen.
Así, con esplendor solemnidad y elegancia realizó su estación de penitencia la Hermandad del Silencio, que regresaba al templo cuando justo cuando la Hermandad de los Gitanos acababa de salir.
