Han sido 8 días de pedaleo y convivencia en los que Diego, Pepe, Juanlu, José Antonio y Paco, han podido disfrutar, sufrir y sentir lo que significa hacer el Camino de Santiago desde Utrera a Compostela en bicicleta, aunque antes algunos de estos peregrinos ya lo habían realizado en moto. Todo comenzó con una promesa hecha a Xiomara, sobrina de Juanlu ante un problema de salud, entonces su tío le prometió al Santo que de salir todo bien realizaría el camino compostelano en bici, a cuya promesa se le sumaron sus compañeros en este viaje.
Comenzaron en la mañana del sábado 15, temprano y con mucha ilusión. En esta primera jornada pasaron por Sevilla, como despedida, un momento muy gratificante al que siguieron otros más difíciles y agotadores, ya que la mayor parte del recorrido hasta llegar a Monasterio era cuesta arriba, en total unos 130 kilómetros para la primera jornada.
Ya el segundo día tocaba camino hacia Mérida para acabar en Aldea del Cano (Cáceres), unos 160 kms. afrontados con muchos ánimos pero sin muchas fuerzas, por lo que aprovecharon para reponerlas con un buen chapuzón cerca de presa romana de Proserpina, situada a unos cinco kilómetros de Mérida, al pie de la sierra de Carija.
Al día siguiente partieron de Aldea del Cano para seguir hasta donde las fuerzas lo permitieran y que les llevaron hasta Aldea Nueva del Camino, jornada de unos 150 kilómetros, dura y con lluvia por la mañana. Pero si esta etapa fue dura, la que le deparaba el día siguiente sería peor, solo 90 kilómetros de recorrido una dura subida al Puerto de Bejar seguida del Puerto de La Cobatilla, más otras cuatro calzadas en un día de frío y lluvia se lo pusieron muy difícil.
A las exigencias del trazado hubo que añadir esa brusca bajada de temperatura y la lluvia, que según contaba Diego “hacía que se encontraran con las piernas cada vez más cansadas pero muy bien de ánimos porque vemos nuestra meta cada vez más cerca”. Para entonces ya estaban cerca de Salamanca.
El día siguiente cruzaron Zamora haciendo 155 kilómetros de pedaleo para quedarse a unos 30 de Puebla de Sanabria. El jueves 20 de junio también recorrieron otros duros 115 de recorrido con subida a dos puertos pasando por A Gudiña. El viernes 21, a pesar de la montaña, los nervios y la emoción afloraron en esta recta final, una etapa que concluyó en Cea cuando ya sólo les quedaban unos 80 kilómetros para llegar a la Capital de Galicia.
Y por fin amaneció el gran día que esperaban, y así, sobre las cuatro de la tarde, llegaron a Santiago de Compostela, donde por fin le certificaron la ansiada “Compostela”, la certificación oficial, con el nombre del peregrino escrito en latín, que otorga la iglesia católica a la gente que realiza el Camino con motivaciones religiosas. Para obtenerla es necesario acreditar que se ha recorrido a pie, en bicicleta o a caballo una parte del Camino de Santiago, 100 kilómetros a pie o a caballo, y al menos 200 en bicicleta.
Tos vivieron el momento con gran emoción:
Pepe Cala: “estas sensaciones no se pueden explicar hay que vivirlo”.
José Antonio Cala: “cuando llegas te das cuenta realmente de lo duro que ha sido el camino y sientes una gran explosión de satisfacción en el pecho”
Paco Gago: “ha sido una aventura muy intensa con muchas vicisitudes y anécdotas, pero ahora solo me vienen a la mente dos cosas, lloré cuando vi la Catedral de Santiago por que me acordé de golpe de muchas cosas, de mis familiares y amigos, y la segunda en la Plaza del Obradoiro, a pesar de toda la gente que había, también lloré al ver la cara de felicidad de mis compañeros”
Juan Luis Alpañez: “destacar los valores adquiridos en esta experiencia como la amistad, sufrimiento y satisfacción por lograr cumplir la promesa dada al santo y hacer hincapié en todo el apoyo y amor recibido por mi mujer e hijas, familiares y amigos, sobre todo agradecer a estos cuatro amigos que estaré en deuda con ellos para toda la vida”
Diego Narváez: “cada peregrino hace su camino, el mío ha sido acompañado por cuatro amigos, el sufrimiento ha sido intenso pero si tuviera que volver a hacerlo no me lo pienso, sin el apoyo de tus seres queridos es muy difícil de hacer, por qué no los tienes cerca y no los puedes ver, cualquier esfuerzo vale la pena cuando entras en la Plaza, ves la Catedral y hace correr tu llanto por las venas”
En definitiva, un reto alcanzado con final feliz que de seguro incentivará a otros muchos ciclistas a repetir esta misma ruta que ellos ya han culminado.
