La Semana Santa del 2013 terminaba el Domingo de Resurrección de la misma manera en que comenzó, con la lluvia por testigo. La procesión del Santísimo Sacramento de Jesús bajo palio por los alrededores de Santa María tuvo que ser suspendida debido a las precipitaciones, pero la celebración de la Resurrección, que da sentido a la Semana Santa, se vivió con gran intensidad y solemnidad en el interior del templo.
Representantes de las hermandades de penitencia, gloria y sacramental de Utrera, la Mesa Permanente del Consejo de Hermandades y Cofradías presidida por Rafael Rojas, así como numerosos fieles asistieron a la eucaristía oficiada por el párroco de Santa María y vicario episcopal de la zona este, Don Diego pérez Ojeda. El momento más significativo de la misa fue la entronización del Cuerpo de Cristo en la Custodia, para que desde el altar ayude y consuele a los cristianos.
Esta celebración ponía el broche de oro a una Semana Santa pasada por agua, que aunque pocos sí ha ofrecido intensos momentos, tal y como explica el presidente del Consejo. Rafael Rojas mantiene que aunque es una lástima “hay que pensar que la fe se vive durante todo el año y que hemos podido disfrutar de una gran Cuaresma”.
En este mismo sentido, Don Diego Pérez Ojeda, mantiene que una Semana Santa como esta llama a reflexionar sobre “la necesidad de vivir la pasión no solo en la calle sino también desde el interior de cada uno, en la contemplación y el recogimiento”.
Aún así reconoce que “es una lástima que las hermandades no hayan podido echarse a la calle”, y afirma que es el primero que “siente que los cofrades no hayan podido culminar su celebración de la fe con la estación de penitencia”. El párroco he hecho también balance positivo de las gran afluencia de fieles que han registrado los oficios, por lo que afirma “debemos dar gracias a Dios”.
La de este 2013 es un ejemplo de esa Semana Santa más íntima y austera que le ha tocado vivir a las hermandades y devotos en los últimos años; la Semana Santa de las ausencias, las lluvias, la incertidumbre, las continuas consultas a los partes meteorológicos, las decisiones obligadas, los cambios de recorrido y la visita a los templos.
Pero también ha sido una Semana Santa de reencuentros y de sueños cumplidos, como el de la Hermandad de la Trinidad, que al fin pudo salir de su templo, reencontrarse con su barrio e impregnarse de las voces de la hermanitas de la Cruz y de los vivas de la multitud a su paso por el Arco de la Villa.
Una Semana Santa de suerte para Los Muchachos de Consolación que disfrutaron de una tregua, y de mala suerte para Los Estudiantes que no pudieron celebrar su 50 Aniversario fundacional en la calle; de esa valentía de Los Aceituneros que presionaron bajo el acecho de las nubes, de cantes en una madrugá gitana algo más corta y de las ansias de un Santo Entierro que quiso ganarle minutos al tiempo.
Una Semana Santa especialmente difícil para el Consejo de Hermandades y Cofradías que afronta los últimos meses de su mandato, agradecido por el apoyo recibido de las hermandades, los cofrades y el pueblo de Utrera.
