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Utrera

La lluvia acortó la noche de Los Gitanos pero no cesó sus cantes

Como ocurre cada año pasada la media noche del jueves, las escalinatas de Santiago se pueblan de cientos de utreranos que ansían disfrutar de la explosión de color, compás y devoción que ofrece la Hermandad de Los Gitanos de Utrera. Las puertas de Santiago se abrían por segunda vez en la noche, tras las solemnidad de la Hermandad del Silencio, para ofrecer su contrapunto.

Los primeros aplausos no tardaron en producirse cuando el Cristo gitano se postró en el pórtico de la parroquia y a los sones de la Banda de Cornetas y Tambores Cristo de la Buena Muerte de Palencia se recreaba en su primera chicotá. El monte sobre el que descansaba el crucificado estaba compuesto de claveles rojos, rosas de color morado, calas, esparragueras verdes y anturium morado.

Varios minutos más tarde, aparecía bajo el umbral el rostro moreno de Nuestra Señora de la Esperanza, guapa, gitana y rodeada de un esperado exorno de color rosa con algunos toques en morado, compuesto de rosas, clavellinas, campanulas, peonías, rananculos e ipericum verdes.

Acaparó muchos de los instantes más bellos de la madrugada como sus mecidas al son de la marcha Madre de Los Patriarcas, los piropos y cantes de su gente o el paso por la casa de Diego Jiménez, ‘el Chacho Diego’ que un día la trajo a Utrera y la entregó a la hermandad.

Y cuando el palio discurría por el Ayuntamiento se vio sorprendido por un chaparrón no intenso pero sí constante, obligando a emprender una recogida precipitada. El cortejo quedó dividido en dos por algunos instantes; mientras el Cristo entraba en Doctor Pastor desde Fajardo para recogerse sin ni siguiera girarse, la Virgen avanzaba por Álvarez Quintero y enfilaba Doctor Pastor hasta la parroquia con el manto cubierto por una tela blanca para protegerla.

Una pequeña tregua momentos antes de la recogida le permitió lucirse en los últimos metros a compás de los cantes por bulería que la lluvia no había conseguido silenciar. Con dificultad, tensión e incluso el golpe de uno de los costeros en la puerta quedó arriada en el interior poniendo fin a una noche de los gitanos más corta de lo esperada.

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