El colegio salesiano abrió sus puertas en la jornada del 4 de mayo para ofrecer a Utrera una de las celebraciones más entrañables de la primavera, la procesión infantil de las Cruces de Mayo organizada por el grupo joven de la Hermandad de los Estudiantes. Como cada año, desde hace ya treinta, las pequeñas cuadrillas de niños pusieron en escena una completa procesión con todos y cada uno de sus componentes: capataces, costaleros, niñas de mantilla, monaguillos…
15 fueron los pasos participantes, casi la mitad menso que la pasada edición, pero todos vivieron la jornada intensamente, regada de momentos especiales como su discurrir por el Niño Perdido, su particular carrera oficial.
En esta ocasión el punto de destino no era la Plaza del Altozano sino el Patio de san Diego del colegio, donde se había instalado una barra de bar cuya recaudación estaba destinada a obras de caridad de la Hermandad, tan necesarias en estos momentos en muchas familias utreranas.
Allí recibieron un trofeo de manos del alcalde de Utrera, Francisco Jiménez, la delegada de Turismo y Fiestas Mayores, Consolación Guerrero y el Hermano Mayor de la Hermandad de los Estudiantes, Manuel Orellana. Tampoco faltaron otros de los grandes protagonistas de esta procesión, el séquito de padres y madres que observaban orgullosos a sus pequeños cofrades.
